lunes, 18 de octubre de 2010

El tiempo que es ahora

En el silencio sideral de la noche,
acostado entre las sombras,
cuestiono mis decires y dudo de mis lugares.
Reconstruyo algunos momentos del día
y pienso en alternativas,
otras vías para enfrentar la fatalidad,
otras maneras de habitar una demanda.
Comienzo a darme cuenta que ya no escribo para nadie,
no pienso en el destinatario de mis palabras.
Me voy dejando libertad
para que mi sinceridad fluya verdaderamente,
prescindiendo de la aceptación o valoración ajena,
no hay más sincero crítico que yo mismo,
una alteridad original que se vuelve autodidacta.
Dejo de pensar en las cantidades,
ya no me pregunto cuanto,
sino hasta donde.
Encuentro en una mujer,
en su vientre,
ese cuenco,
la posibilidad de un enigma,
la posibilidad de resolverlo, claro.
Dejo mis defensas caer,
y con ellas voy,
como esperando el impacto.
Ella lo sabe y me acompaña,
recorremos, desdoblamos, articulamos, refutamos, descubrimos.
Siento su aliento en mi espalda,
es espeso, me invita.
Adonde están las noches del mundo
que no me alcanzan para amarte, me pregunto.
Y ella contesta:
¿Vos me amas?